© 2016 Saúl Díaz Reales

ME GUSTARÍA

 

Me gustaría que fueses honesta. Sincera conmigo siempre. Íntegra como tantas veces yo no tuve el valor de ser.

 

Me gustaría que te quisieras. Que te cuidaras el pelo y fueras meticulosa con tu vestuario en cualquier estilo que te resultara cómodo. Que no te hiciera falta mirarte en todos los espejos para saber que eres la más guapa. Que nunca tu presencia pasara desapercibida.

Me gustaría que comprendieras que todos los miedos y todas las alegrías que son importantes para ti, también lo son para mucha otra gente. Y que al comprender esto, no te sintieras nunca más que nadie, cualquiera que fuese la circunstancia que te hiciera sentir así. Porque en lo más profundo de nuestro ser, aún sin darnos cuenta, soñamos con la felicidad y con un mundo sin sufrimiento. Y a ese nivel, todos somos iguales. Me gustaría que quisieras a los demás como te quieres a ti misma. Comprenderías entonces que el mundo es un lugar hermoso.

 

Me gustaría que sintieras compasión por todos los que sufren. Que te hiciera llorar ver a un niño siendo travieso con otro. Que sintieras el dolor de todas esas madres que sin entender por qué, ni merecerlo, tienen que ver a sus hijos morir en sus brazos, con el cuerpo lleno de metralla, de agujeros de bala y sangre seca, con los ojos perdidos en el infinito y resecos de muerte y polvo. Resultado trágico de una entre tantas guerras de religión, petróleo y dinero, mezclados en proporciones variables, según necesidad. Guerras que siempre comienzan los poderosos, los que nunca mandan a sus hijos a luchar ni a morir en ellas. Me gustaría que eso que sintieras te llenara de fuerza para actuar. Para no permitir injusticias en tu nombre. Para no tolerar ningún abuso en tu presencia. Y proceder siempre en favor del más perjudicado, del más débil, del que trataran de abusar, del pobrecito.

 

Me gustaría que entendieras que la verdad es relativa: que cada persona tiene derecho a comprender el universo a su manera, tanto los que llevan razón, como los que estamos equivocados; que el bien y el mal no existen más que en contextos precisos de espacio y tiempo: lo que es correcto, es correcto aquí y ahora, y no necesariamente en cualquier otro lugar ni mañana. Que la sabiduría no nos la conceden la vida y los años por sí solos, sino el análisis de cada experiencia. Que todos tenemos miedo, pero si nos abrazáramos como hermanos, podríamos ser los más valientes del mundo. Si además ese valor lo sentimos por dentro, de verdad, sin dudas, entonces no habría nada que no pudiéramos alcanzar, nada que no pudiéramos ser. Pues ese es el verdadero secreto de este nuestro universo.

 

Me gustaría que usases la fuerza física sólo para inmovilizar a aquellos a quien quisieras hacer cosquillas. Que después de haber escuchado sus historias y opiniones, mataras a besos a tus adversarios. Que nunca levantaras la voz mas que para gritar que eres feliz. Que fueras respetuosa con todas las opiniones, incluso con aquellas que aún no llegas a entender. Que en tus batallas y discusiones nunca hubiera perdedores, sino nuevos amigos. Que el poder de la palabra te asistiera en tu viaje hacia un mundo mejor. Y que con el tiempo, aprendieras a tener compasión por las personas de mentes cerradas, de ideas fijas e intolerantes con cualquier otro punto de vista, pues ellos aún no han aprendido que se puede estar equivocado. Me gustaría que cada día te esforzaras, aún revelándote contra ti misma, en hacerte una persona mejor.

También me gustaría que supieras jugar por disfrutar del juego, sin importar quien ganase la partida. Que en el juego, como en la vida misma, se puede perder aún sin haber cometido ningún error.

 

Quisiera que comprendieras que no tiene sentido preocuparse, pues hay una línea divisoria entre lo que tiene solución y lo que no. Que si vives tu vida concentrándote en lo que te hace sentir bien, no hay nada que no puedas realizar, pues estos sentimientos hacen que tus átomos se alineen con el pulso del cosmos, abriendo las puertas del lugar donde viven tus deseos.

Me gustaría que encontraras siempre el lado bueno de todo lo que te ocurra. Que vivieras sabiendo que lo que se te presenta como algo negativo no es más que un empujón de ánimo, una señal que te da la realidad para que sigas persiguiendo tus sueños. Y que aunque al principio no entendamos el por qué, es sólo una cuestión de tiempo hasta que las razones se nos presenten claras. Que tuvieras la certeza de que sobre el cielo gris, oscuro y nublado, brilla un sol hermoso y resplandeciente.

 

Me gustaría que fueses apasionada. Que miraras al mañana con ilusión, pero sin darlo por seguro. Que vivieras el presente como si el último día fuera pasado mañana.

Que lo cuestionaras todo. Que no dejaras que el tiempo te engañara con verdades que sólo son mentiras antiguas, sino que usaras tu inteligencia para dudar, contrastar y sacar tus propias conclusiones. Y aún así, que estuvieras lista para volver a dudar cuando tus conclusiones fueran obsoletas, o demostradas en el error.

 

Me gustaría que apreciaras la belleza en todo lo que te rodea. Que sólo vieras lo bueno de cada persona, de cada cosa, de cada sentimiento. Que te estremecieran los atardeceres, el arco iris, el sonido de la lluvia, el resplandor de la luna llena, el olor a tierra mojada, el brillo parpadeante de las estrellas en una noche clara, el vuelo caprichoso de las mariposas, el baile hipnótico de las olas del mar.

 

Me gustaría que me quisieras. Que estuvieras enamorada de mí y me lo hicieras sentir cada día al menos un ratito. Que al tocarme me hicieras vibrar de una mezcla de emociones. Que tu llanto, al igual que tu risa, fuera dulce y contagioso. Que fueras feliz, aunque eso significara abandonarme por otra persona. Que el día que ya no me quisieras no me lo ocultaras. Querría que ese día fueras impasible conmigo, sin importar mis sentimientos o el pozo oscuro en el que me pudiera quedar atrapado. Pues tu felicidad sería para mí lo más importante.

 

Me gustaría conocerte, ver tu cara, oler el perfume de tu cuerpo.

Mientras tanto, tú seguirás siendo una ventana de chat en internet y yo seguiré deseando que seas como me gustaría.

 

 

PERECEDER0

 

Por mí se pueden apagar hoy todas las estrellas del cielo, oscurecerse la luna, no salir el sol mañana...

Porque esta noche estoy contigo y con nadie más, junto a tí, abrazados. Siento el calor de tu cuerpo invadir mi ropa y mezclarse con el mío. Y nada puede hacer este instante más bello. Juntamos nuestras frentes. Mis labios sienten tu respiración haciéndome cosquillas en la cara. Nos abrazamos más fuerte, sintiendo este momento único, distinto a todos los anteriores, y sin duda a los que están por venir, ya forjándose, adquiriendo vida, tomando forma a partir de esta noche. Que se agoten las lágrimas de tristeza, los gemidos de dolor, la soledad del corazón…

 

Nuestros labios se tocan ligeramente. Nuestra respiración se hace más acentuada. Finalmente un beso suave seguido de otro más apasionado. Con los ojos cerrados pongo todos mis sentidos en percibir esto que estoy viviendo, esta realidad que me presenta mi mente tras procesar todos los estímulos que recibe a través de mis sensores de la realidad. No quiero que acabe nunca, pero sé que todo es perecedero. Podría dibujarnos en la orilla del mar, pero las olas se apresurarían a borrarlo, pues la arena no entiende de memorias. La playa es el lugar donde nada se recuerda, donde nada se archiva. Todo se desvanece sutilmente con las caricias de las olas, con el óxido del agua, con la corrosión de la sal. Podría también en el bosque hacer un mural de hojas secas en el que se leyera “Te quiero”, pero el viento sería impasible al soplar, barriendo suavemente las hojas, desdibujando las letras con las que te prometí amor eterno. Por mí que se acaben las guerras, que se  extinga el odio, se pudra todo el dinero…

 

Pues todo es perecedero. Igual que el calor de nuestros cuerpos; igual que los besos que nos damos; que los latidos de nuestros corazones sincronizados por la cercanía de nuestros pechos. Toda nuestra realidad es un minúsculo instante, una foto mal tomada del ahora, que perece, que se transforma en pasado, en ayer, en memoria, para dar paso al siguiente momento, al futuro, al mañana, al resto de nuestras vidas. Y volvemos a sentirlo intensamente, pues sólo durará lo que tarde el tiempo en avanzar. De la misma forma, a otra escala de tiempo, nuestra propia esencia es también perecedera. A las pocas décadas de haber muerto en nuestro cuerpo material, nuestros genes se habrán diluido en las generaciones venideras, la memoria de nuestra existencia se habrá difuminado, incluso desparecido, pues ya ni siquiera vivirán los portadores de recuerdos nuestros, las personas con las que nos relacionamos, con las que creamos vínculos fuertes de amistad, que nos tocaron, y que nos concedieron un lugar, por minúsculo que fuera, dentro de sus corazones. Incluso nuestro planeta está condenado a perecer. Nuestra historia es otra más entre tantas que ha habido y tantas que seguirán escribiéndose, hasta que la madre Tierra deje de palpitar calor. Que nadie se engañe. Incluso más allá del sistema solar, el firmamento está también sometido a esta ley universal de lo perecedero, y será algún día sólo polvo del que surgirán nuevos mundos, nueva vida, nueva energía, nuevo amor. Que se callen los que mienten, que se mueran los que matan…