© 2016 Saúl Díaz Reales

MI TUMBA

 

Sólo, perdido y asustado, navego por las calles de la oscuridad infinita. Cautivo en la cárcel de las curvas de tu piel, añoro cada momento en que fuiste mía. Preso en esta isla donde tus besos no llegan, canto susurrando canciones de amor, para ti. Deshojo margaritas que siempre dicen no. Miro mi brújula, y sigue apuntando al sur.

 

Cruel es tu corazón. Para ti cantaron mis pájaros una vez. Pero confundiste su canto con las voces engañosas, con las manos que no tocan, y preferiste la asfixia. Ya no me dices te quiero y en mi alma llena de cicatrices se clavan de nuevo los mismos puñales. Ya no te siento tan cerca y todas las palabras que me dan miedo vuelven al árido rincón de mi conciencia.

 

En el reflejo de mis ojos, veo tu cara dulce, triste y añorante. Sediento de tus besos, perdido en este laberinto amargo de susurros y gritos, sigo buscando tu olor, tus brazos y tu alma. Allá donde te lleve el viento te buscaré. Y entonces, cuando la magia de los sentidos se funda para ser un solo sentimiento, me haré materia entre tus brazos.

 

Tú me haces vibrar a cada beso. Cada latido de mi corazón quiere que lo escuches a través del tiempo en que no estás conmigo. Me miras derritiendo los castillos de hielo que otros ojos construyeron en mi alma. Me besas infundiéndome pociones del olvido en tu saliva. Y haces que enloquezca. En mi más profundo penar, te amo.

 

Pues lloro por ti, y lo sabes. Me deshidrato en lágrimas que se evaporan en nubes que llueven sobre la nada. Todas esas lágrimas que lloré por ti hoy sólo son sal. Todas las flores que crecieron con mis lágrimas se marchitaron sin sentido. Todo el amor que desprendíamos se perdió, difuminado por entre las crueles tinieblas de la distancia. Aún así, quiero seguir llorando, derretirme en un silencio, besar la pena que me consume, ahogar la rabia.

 

Pues ya está cavada mi tumba. Ahora sólo me queda llenarla de lágrimas.

UNA PROMESA

 

Porque te hice una promesa, dejé apartados mis sueños en el cajón donde guardo la ropa de invierno. Envolví en papel de regalo mi reloj, mi guitarra y mi tintero, y dejé que el mañana siguiera su curso.

 

Porque te di mi palabra, recargué mis labios de besos, mi corazón de latidos, mis noches de sueños compartidos, mi memoria de recuerdos en los que ahora siempre estabas tú. Lo dejé todo para embobarme en tus ojos el tiempo que durara esta eternidad que estamos viviendo ahora.

 

Porque te juré el mañana, cambié mis canciones por despertar contigo; hice un trueque con los latidos de tu corazón. Abrí las cortinas de nuestra casa a la nueva aurora y al nuevo Sol. Sembré margaritas de pétalos impares y las regué con cariño y ternura. Escribí canciones de cuna para dormirte entre pentagramas, y dibujé sonrisas en la boca del destino.

 

Porque me arrastraste a la vorágine de tus besos, rompí en pedazos mi mapa y enterré bajo el arcoíris la brújula que antes de ti guiaba mi rumbo. Busqué el calor de tus brazos en el lugar de donde soplan los vientos. Adiestré a mi veleta para que siempre apuntara hacia donde tú estuvieras.

 

Porque prometí quererte siempre, dejé que las telarañas poblaran los rincones de todo lo que viví antes de ti, para aburrir al pasado y cubrirlo de polvo. Prohibí a mis ojos mirar atrás y a mis oídos escuchar todo lo que no fuera tu encanto. Abandoné el reflejo de lo que fue para seguir tus pasos hacia donde tú quisieras.