© 2016 Saúl Díaz Reales

 

Tiempo ha que vacié de mis bolsillos el miedo,

del que conservo apenas endurecidas migajas.

Me he hecho amante de la sombra

del sauce de mi jardín.

Nos mece el viento, y nos besa la lluvia

de sol a sol.

Me tatué con sangre el nombre de mis desgracias.

Y del dolor hice una bandera.

Para ser libre lo dejé todo,

cambiando mi duende por océanos de soledad.

 

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Quiero olvidar mis recuerdos.

Esos que esconden traidores

venenos del alma,

espinas heladas en el corazón.

Quiero borrar mis temores,

esos que me hacen cobarde.

 

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Cuando muera,

decidle al viento del norte

y al del oeste lo que pasó.

Cuando venga el viento del sur

a buscarme,

a rendirme cuentas, a regañarme,

contadle lo que fui,

y dadle mis cenizas.

 

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Entre todas las figuras,

entre todas las voces,

entre todos los intervalos de tiempo,

me paré en el que te pertenece.

Y lo ocupé.

Sumamos nuestras voces, nuestros tiempos...

incluso la oscuridad confundió

nuestros cuerpos una noche.

Y fue bello.